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[En proceso] Mordiscos de Amor

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[En proceso] Mordiscos de Amor

Mensaje por Tigger el Jue Dic 22, 2011 9:32 am

Reseña

Pareja protagonista: SasuSaku
Género: Drama

La historia no es mía
es solo un fic adaptado a
la realidad de Naruto.
No me pertenece.
Todos los derechos a la autora.


Mordiscos de Amor • Michelle Rowen


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


Prefacio

<< Querida mamá: Puede que llegue un poquito tarde a la boda de la prima Ten Ten. He tenido una semana terrible. ¿Te acuerdas de la cita a ciegas de la que te hablé? Pues resulta que era con un demonio auténtico quien, para el colmo, me mordió. Después, unos cazadores de vampiros comenzaron a perseguirme por toda la ciudad y… bueno, lo mejor de todo es que he conocido a alguien fantástico. Es sexy, tiene seiscientos años y tendencias suicidas. Pero hemos llegado a un trato: él me va a explicar cómo funciona el mundo de los vampiros y yo, a cambio, le ayudo a poner fin a su eterna existencia. O quizás le convenza para que siga viviendo a mi lado. Quizás lo veas un poco complicado así de entrada. Pero piensa en lo mejor: puede que consiga ir a la boda de la prima Ten Ten con pareja. No me digas que eso no te haría ilusión… Tu hija que te adora: Sakura >>



~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Pido a los moderadores de NC & de
este parte del foro que sí hay algo mal
en el fic, avisarme o sí es que esta prohibido,
hacer lo mejor posible; osea, si se tiene que
cerrar el tema, ciérrenlo.
Sin más nada que decir, Gracias por leer.
C:
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Re: [En proceso] Mordiscos de Amor

Mensaje por NaruGaaXever el Jue Dic 29, 2011 9:00 am

rayos! apesar d ke e skorto... como que t envuelve en el trama!... tiene buen titulo y a la vez misterioso ;n;
esta pareja siempre en la guerra ;n;
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Re: [En proceso] Mordiscos de Amor

Mensaje por Tigger el Jue Dic 29, 2011 1:56 pm



Capítulo 1

Para estar muerta, me sentía sorprendentemente bien. Me imaginé que debía haber fallecido, pues cuando me desperté me di cuenta de que alguien me estaba enterrando en aquel frío suelo. Tan sólo estaba a pocos centímetros de profundidad, pero las continuas paladas de tierra que caían sobre mi pecho estaban formando un montículo que crecía por momentos.
El aire olía a musgos y a gusanos…, y a colonia barata
¿A colonia barata?
Estiré el cuello para echar un vistazo a mí alrededor. A menos de metro y medio de distancia, había una lápida tallada con muchos adornos. Parpadeé. A pesar de la oscuridad, estaba segura que no era mi nombre el que estaba tallado en la piedra.
La siguiente palada de tierra me dio de lleno en la cara.
— ¡Oye!— logré articular antes de comenzar a toser.
Saque la mano derecha de aquel pesado montículo para limpiarme la tierra de la cara.
— ¡Ah, estás despierta! — dijo un hombre a mi izquierda, parecía sorprendido.
— ¿Qué demonios pasa?
— Qué estás despierta y te has puesto a hacer preguntas. — Parecía consternado —. Me lo temía
Algo afilado y metálico golpeo el suelo detrás de mi cabeza. Sonaba como una pala.
Entonces el tipo que me había estado hablando se agacho y acerco a mí su pálido y delgado rostro.
— Hola — dijo.
Era Inuzuka Kiba, mi cita a ciegas de aquella noche, aunque ya había reconocido su voz. Y su colonia. Tan lastimera y nasal. Daba la impresión de pertenecer a una persona necesitada. Me refería a su voz, por supuesto, no a la colonia. Cuanto más se alargaba la velada, más convencida estaba que su voz lo delataba.
— ¿Hola? — Empecé a retorcerme — sácame de aquí, psicópata, antes de que llame a la policía.
Frunció el entrecejo.
— Pero la tierra es una parte importante en el proceso de curación.
— ¿Del proceso de curación? Yo si te voy a dar un proceso de curación cuando salga de aquí.
— Perdona.
Kiba empezó a quitarme el montículo de encima y yo me esforcé en librarme de toda aquella tierra suelta. Me tendió una mano para ayudarme a levantarme. Pero le ignoré y me puse de pie sola.
Intenté sacudir la tierra de mi vestido de seda, que además de nuevo, era carísimo. Traté de no dejarme llevar por el pánico. Mi chaqueta de piel de tres cuartos, color Burdeos, supe que aún podría limpiarla, pero el vestido era caso perdido. De todos modos creo que hasta ahora, ese era el menor de mis problemas.
Sin duda, aquel tipo era psicótico.
Eché un vistazo alrededor. Tal como había deducido al ver la lápida, estábamos en medio de un cementerio. Mi cita a ciegas acababa de intentar enterrarme viva en un cementerio. Lleno de gusanos, cadáveres…, y bichos.
Me estremecí, y luego lo vi parado al lado de mí, esperando pacientemente.
— Bueno, muchas gracias por la cita — Intenté que mi voz pareciera lo más tranquila, quería transmitir serenidad, y no perder los papeles. Todavía —. Supongo que será mejor que me vaya a casa ahora.
— ¿Qué recuerdas exactamente?
Forcé una sonrisa.
—Que lo pasé muy bien. Y tengo que dar las gracias a Ino por planearla. Si, te aseguro que no se enterará como termino la noche. Te lo prometo. Bueno, ha sido genial quedar contigo.
Me dispuse a marcharme, pero él me tomo del brazo, y me obligo a mirarlo a la cara.
— ¿Qué es lo último que recuerdas?— preguntó Kiba con un tono más violento—. Es importante.
Tragué saliva.
— Tuvimos una cena agradable, y luego salimos a dar un paseo — Eché un vistazo a mi alrededor…— Pero no por aquí. Fuimos al río y paseamos por el puente, por el viaducto Bloor. Estábamos mirando al río y hummm… me dijiste algo…
—Lo preciosa que eres— murmuró él mientras pasaba una mano por la manga de mi chaqueta.
Apreté los dientes y sacudí el brazo para sacármelo de encima. ¿Por qué no me había apuntado al curso de defensa personal al que tanto insistía Ino en apuntarnos? Fruncí el ceño al recordarlo.
— Bien. — Intenté hacer una mueca agradable—, me dijiste que era preciosa o lo que sea. Y luego…
Hice un intento por intentar recordar, pero todo estaba un poco confuso.
— Te ofrecí la eternidad.
Ajá, esa parte si la recordaba. Fue entonces que decidí que la cita había acabado oficialmente y luego…
Abrí los ojos como platos al recordarlo.
—Me mordiste, bicho raro.
Kiba parecía enteramente arrepentido.
— Se curara pronto, lo prometo.
Me toqué el cuello, y al ver la mano, me aterré al ver que estaba completamente ensangrentada.
— ¿Me mordiste el cuello? ¿Qué eres tú? ¿Un imitador de vampiros? —. Recogí mi bolso que estaba tirado en el suelo, lleno de tierra. Siempre llevaba un bote de gas pimienta para protegerme… o al menos llevaba. ¿Todavía lo tenía? ¿Esas cosas tenían fecha de caducidad? No importaba, si lo tenía aun guardado lo usaría por lo menos para darle un buen golpe en la cabeza a ese loco.
— No soy imitador —. Hasta tuvo el descaro de hacerse el ofendido— Soy un vampiro de verdad.
"Un psicópata"—pensé—. Eso eres, un psicópata total".
—Mira, dije con vacilación— Ya tuviste suficiente diversión. A mi no me van las escenitas, o lo que sea esto. De todos modos, la mordida no parece grave; así que vamos a hacer como que no paso nada y listo, ¿de acuerdo?
—Desde que te vi el mes pasado en el puesto de perritos calientes que hay afuera de tu oficina, supe que tenías que ser mía, Sakura.
Sonrió con nostalgia.
Ahora que lo miraba con más atención, me di cuenta que sus dientes estaban un poco más puntiagudos de lo normal, pero seguramente era un efecto de la luz de la luna. De todos modos, como mínimo era desconcertante. También era desconcertante el hecho de que alguien me observara en secreto mientra yo tomaba mi ración diaria de salchicha italiana. Espeluznante.
— Debías tenerme, ¿eh? — Me quedé mirándolo por un momento— ¿Y no podías intentar hacer lo que todo mundo, emborracharme?
Por lo normal, me sentía mucho mejor después de bromear, y en aquel momento, era lo único que podía a hacer para evitar que me temblara la voz.
— Me llevo una eternidad ganarme a tu amiga para que planeara esta cita, pero mereció la pena esperar. Ahora, tú eres mía. Estaremos juntos para siempre.
Me di la media vuelta y comencé a alejarme de él a paso lento, pero todavía tranquilo.
Kiba me llamaba a lo lejos, luego echo a correr y me alcanzó con tan solo dar un par de zancadas, luego me tomo del codo y me obligo a girarme para mirarle.
—Es de mala educación marcharse cuando alguien te esta ofreciendo la eternidad.
No me gustaba el modo en el que me mirada. Ni lo más mínimo. Tiré del brazo para soltarme.
—Quédatela. Yo no la quiero.
Kiba volvió a agarrarme del brazo, tenía mucha fuerza.
—Suéltame— comencé a decir, pero entonces me golpeó la cara con el dorso de la mano.
Delante de mí aparecieron miles de destellos multicolores y se me movieron ligeramente los dientes en sus cavidades cuando el impacto me hizo caer al suelo.
— Es muy tarde para retractarse, zorra— con aquel gruñido Kiba me mostró la longitud de sus colmillos afilados— la mordida en tu cuello te hace mía y no hay vuelta atrás.
Entonces pareció recobrar el juicio. Su cara se relajó y frunció ligeramente el entrecejo mientras avanzaba hacía mi. Retrocedí para escapar de él, con los ojos muy abiertos, y apretándome con una mano la mejilla que me escocía.
—Hay Dios, lo siento tanto— farfullo, mientras se acercaba a mí—. No quería hacerlo, ¿en que estaba pensando?
Agarre con la mano derecha el bote de gas pimienta que estaba al fondo de mi bolso. Todavía tenía la vista borrosa, pero logre rociarle el rostro por un buen rato. Sasori bramo de dolor y se llevo las manos a la cara.
Me di la vuelta e hice lo cualquier chica con el cuello ensangrentado habría hecho en medio de un cementerio a media noche con un loco que se cree vampiro.
Correr como alma que lleva el diablo.
Estaba loco. Si, sin duda era bipolar, y seguro necesitaba una terapia seria. Seguramente se había vuelto loco con algún suceso de su infancia. Yo había estudiado Psicología un año en la Universidad de Toronto antes de abandonar los estudios. Kiba era un chiflado. Diagnóstico de una profesional. Aquel chico necesitaba ayuda inmediatamente.
Como yo en aquel preciso instante. Me puse a correr por el cementerio. Aquel enorme cementerio… ¿Dónde carajos estaba la carretera?
Por fin vi la entrada de piedra que estaba enfrente de mí. No muy lejos, escuche a Kiba gritándome que fuera más lento. Si, como si fuera a hacerle caso, ni loca.
El tacón de siete centímetros de mi sandalia de piel había elegido el peor momento para romperse. Había gastado en ellas la mayor parte de mi sueldo del último mes. Caí redonda al suelo pero me puse enseguida de pie. La adrenalina que corría en mis venas en aquel momento era de gran ayuda, pero estaba mareada. Por lo visto, la pérdida de sangre por la herida de mi cuello me estaba afectando. Quizás era más grave de lo que pensaba.
Me quite la sandalia y la lancé como proyectil hacía mi perseguidor.
—¡Ay!— gritó Kiba cuando la sandalia dio en su objetivo.
Ya que me era imposible correr con un solo pie descalzo, me quite la otra sandalia y la lancé en la misma dirección, como si fuera un pequeño y cómodo misil de piel italiana. Está vez no di en el blanco, por lo que dije unas cuantas maldiciones.
— ¡Vamos!— dijo Kiba— ¡Sakura, podemos arreglar esto!
Atravesé el cementerio y corrí hasta algo duro y firme como una roca.
Levanté la vista. Era alto, musculoso, y guapo. Una farola le iluminaba desde arriba como un faro del cielo.
—Tranquila señorita—dijo el desconocido pétreo—. Vaya más despacio.
Yo respiraba con dificultad después de la carrera.
— ¡Ay gracias a Dios! Tiene que ayudarme.
La vista de aquel hombre se deslizo hasta mi cuello, en la herida que me había provocado mi cita infernal, que estaba a punto de alcanzarnos.
—No te preocupes por nada preciosa— dijo el hombre y sonrió.
Los dientes se le veían de un blanco resplandeciente.
Dos tipos salieron de entre las sombras, uno parecía que tenía la piel de color azul y el otro era más musculoso que todos.
Eh, cuantos más mejor.
El hombre de los dientes brillantes me aparto con cuidado.
—Tú quédate aquí preciosa, nos ocuparemos de ti en un momento.
Asentí y cogí aire con fuerza. Guau jodida suerte tenía yo que aquellos caballeros tan educados hubieran salido a pasear por el cementerio.
Pasada la media noche.
Fruncí el ceño, ¿Qué carajos estaban haciendo allí? Estaba segura que no era una coincidencia, pero eso era lo que menos importaba.
Kiba se detuvo delante de nosotros tras resbalar. Parpadeó rápido y se tallo los ojos, seguro el gas pimienta aún estaba haciendo efecto. Tenía una marca roja en la frente, seguro era prueba de que la sandalia había surtido efecto.
Me abracé y me puse a temblar. Iba vestida para una cita, no para salir a pasear por el cementerio a finales de noviembre. De haberlo sabido, hubiera llevado una bufanda. También me encontraba mal por el miedo, la perdida de sangre…
— ¿Por qué echaste a correr?— Sasori parecía confuso—. No iba a hacerte daño.
— Vete al infierno— le dije. Se la iba a ganar por haberme agredido. Puede que incluso tuviera que soltar una orden de alejamiento para ese imbécil. — Ah no espera, si ya estamos en el, ¿verdad psicópata?
Puso los ojos en blanco.
—Vas a tener que superarlo si quieres darle una oportunidad a esta relación.
Kiba se dio cuenta de que no estábamos solos.
—Oh— fue todo lo que dijo cuando los chicos se acercaron a él—. Miren, esto no es lo que parece.
Lo fulminé con la mirada y trate de dedicarle una sonrisa al señor Dientes Blancos. Era muy mono, quizá esta noche iba a terminar mejor de lo que pensaba.
—Oye, ¿me podrían ayudar a encontrar un taxi? Quiero irme a casa ya. Si me aseguran que este tipo no me va a volver a molestar les deberé una, chicos.
Dientes Blancos me sonrió de oreja a oreja.
—Miren lo que tenemos aquí chicos. Una pelea de novios vampiros.
—Él no es mi novio— solté, para que quedara claro.
—Yo no soy un vampiro— dijo Sasori.
— ¡Qué curioso! Hace momento me dijiste lo contrario. Hasta me mordiste—me froté el cuello con delicadeza— Está completamente loco.
—Si, completamente loco— dijo Dientes Blancos antes de volverse a sus amigos— Ha sido una noche muy buena chicos. ¿Cuántos han sido hasta ahora?
—Ha sido una buena noche… creo que cinco— respondió el de piel azul—. No, seis.
—Escuchen chicos—Kiba parecía muy nervioso—. Podemos llegar a un acuerdo… tengo dinero…
Dientes Blancos le propino un puñetazo a Kiba en el estomago.
Este se llevo las manos al vientre y cayó de rodillas, tosiendo y maldiciendo.
—Oye— dije con el ceño fruncido— Escuchen chicos, yo solo quería que me ayudaran a llegar a casa, no creo que esto sea necesario.
—Cállate— dijo Dientes Blancos.
Kiba se esforzó para ponerse de pie, pero recibió otro golpe, esta vez en la mandíbula. Aquella no era forma de tratar a un demente. Necesitaba ayuda adecuada, no violencia.
Me acerque a Dientes Blancos y le jalé el brazo.
—Ya basta, no hay motivos para comportarse como un matón…
Se me quedo mirando unos instantes y luego sonrió.
—Cariño, tienes que aprender cuál es el lugar que te corresponde.
Me empujo tan fuerte que caí hacía atrás y di un grito de dolor cuando se me torció el tobillo.
Algo brillo en las manos de mis perseguidores cuando un rayo de luz de luna incidió en ellos. Llevaban algo de metal. Cuchillos… Don Azulito sacó una navaja automática y el señor Fornido un hacha. Advertí que también llevaban estacas afiladas atoradas en sus cinturones.
Kiba dio un horrible grito de terror. Entonces me di cuenta de que Dientes Blancos había enterrado su enorme cuchillo en el abdomen de él.
—Te dije que tenía dinero— dijo jadeando.
Dientes Blancos extendió la mano como si fuera un cirujano que esperaba que le pasaran una pieza instrumental y sobre su palma apareció una estaba de madera.
Abrí la boca para decir algo, para detener todo aquello antes de que fuera demasiado tarde, pero lo único que salió de mi garganta fue un gritillo.
—Vampiro, esto es más divertid que el dinero— dijo Dientes Blancos, y arqueó el brazo hacía arriba para después clavar la estaca en el pecho de Kiba.
Me tape la boca con una mano, horrorizada, y retrocedí a rastras con dificultad. Noté un pinchazo en el tobillo cuando fracasé en un intento por ponerme de pie. El corazón me latía a toda velocidad. Ahora eran los tres hombres los que se turnaban para matar a mi cita con sus armas. Estaban tan ocupados con Kiba que, por lo visto, se habían olvidado que yo estaba allí. Empezaba a pensar que aquello era algo bueno.
Al final, pero vacilante, logré ponerme de pie, pero me quede paralizada al presenciar aquella escena de película de terror que se desarrollaba ante mi. Cambié de opinión. Ya no quería que me ayudaran. No. ¿Y qué había ha dicho aquel tipo antes? ¿Qué se ocuparían de mí en un momento?
Kiba ya no gritaba ni pedía que le perdonaran la vida. Había dejado de gemir. Y no se movía. De hecho, se estaba desintegrando frente a mis ojos. Cuantas más cuchilladas asestaban a aquel cuerpo que yacía boca abajo, menos parecía quedar de él, hasta que al final los únicos restos que quedaban de Kiba, fueron sus ropas en medio de una repugnante mancha oscura en la carretera.
Entonces Dientes Blancos se volvió hacía mi y yo di al mismo tiempo un doloroso paso hacía atrás. El cerebro me pedía a gritos que echara a correr y al final decidí que era la mejor idea que se me había ocurrido en toda la noche. Me di la vuelta, pero Azulito se había movido en silencio para colocarse detrás de mí. Me mostró sus dientes en forma de serrucho cuando colocó de nuevo en su cinturón la estaca ensangrentada, y luego me agarro las muñecas y me atrajo hacía él. Traté de soltarme.
— ¿Dónde crees que vas, vampira?
El aliento le olía a huevos podridos.
Quería replicar, explicarle que yo no era un vampira porque los vampiros no existen. También le quería decir que se comprara un enjuague bucal. Pero no me salió la voz. Una lágrima caliente rodó por mi mejilla cuando miré a los otros dos hombres y cogí aire con dificultad. Tenía la extraña sensación de que aquellos tipos querían añadir más manchas de las que ya tenía a mi pobre vestido.
Ojala hubiera tenido otra sandalia que lanzar.
—Mírenla, está petrificada— dijo Dientes Blancos como si le causara gracia.
—Es nueva— contesto Fornido—. Casi cruel exterminarla tan pronto. Nos podemos divertir con ella. Miren que piernas tiene. ¿No podemos esperar hasta mañana?
Dientes Blancos amplió su sonrisa.
—Si, quizás podemos esperar. ¿Tú que dices guapa? ¿Quieres ganar algo de tiempo?
—En tus sueños— logré mascullar.
Se rio.
—Sólo hay una respuesta posible cariño, y se hará lo que yo diga. Vienes aquí, ¿o qué?
Estuve a punto de responderle "o qué". El hombre me había parecido guapo cuando me topé con él por primera vez, mi héroe en potencia. Pero ahora me parecía un monstruo.
Tenía la cara salpicada con la sangre de Kiba.
Traté de escaparme de Azulito, pero me tomaba muy fuerte por las muñecas mientras me miraba con ojos libidinosos.
—Buen intento— dijo con su sonrisa de serrucho.
Me encogí de hombros y le di una buena patada en la entrepierna. Me soltó las muñecas de inmediato. Eché un vistazo por encima del hombro a Dientes Blancos y luego me alejé de ellos a toda velocidad, ignorando las punzadas en mi tobillo.
Mientras Azulito se quejaba de dolor, Fornido emitió un gruñido.
—Nunca resulta fácil ¿verdad?
Después se oyeron unas pisadas en el pavimento en cuando se pusieron a perseguirme.
Todo tenía un aspecto diferente a aquellas horas de la noche y apenas había luz que me ayudara a averiguar dónde demonios estaba. Sabía que el viaducto Bloor, un puente alto que pasaba por encima del río Don, no estaba tan lejos. Si llegaba al otro lado del puente, podría encontrar una cabina o alguien que me ayudara.
La cuestión era cuánto tiempo iba a aguantar corriendo. Me ardían los pulmones y con el tobillo torcido, más que correr, cojeaba deprisa. Por otro lado, los pies, sin la protección del calzado, me pedían a gritos que parara. Pero sabía que si me detenía sería el fin. Me matarían como había matado a Kiba. O algo peor. Me estremecí al recordar la mirada lasciva que me había dado Azulito. Tenía que seguir corriendo. No me quedaba más remedio.
La verdad es que me sorprendía que aquellos hombres no me hubieran alcanzado ya. De hecho, llevaba un rato sin escuchar sus pisadas. Aminoré la marcha pero sólo por un pequeñísimo momento me atrevía a mirar hacía atrás.
Me hallaba en medio de un parque. Oía el tráfico, por lo que deduje que no estaba muy lejos de la calle Bloor, pero a mí alrededor no había nada más que árboles. Estaba completamente sola.
Resbalé al pararme y empecé a respirar tan rápido y de forma tan superficial que estaba segura que me iba a dar un soponcio.
Debían haberse dado por vencidos. Tal vez había sido demasiado rápida para ellos. Últimamente había ido al gimnasio más de lo habitual para lucir un bikini en mi viaje súper caro a Puerto Vallarta. Ino y yo llevábamos planeándolo más de un año y sólo faltaba un mes. Si, eso debía ser. Estaba en muy buena forma. Tan buena y peligrosa como aquella chica de Terminator.
Entonces oí un acelerón y el chirrido de neumáticos. Apareció un jeep en la distancia dando bandazos en la carretera, salpicándolo todo de grava.
"A ver si puedes con esto, Terminator", pensé mientras el pánico subía de nuevo por mi pecho.
Maldita sea…
Oía los hombres, como una estúpida, había creído haber dejado atrás. Gritaban y se morían de risa conforme venían a mí. Debía ser su idea de pasar un buen rato.
Por fin conseguí llegar al puente. A lo lejos vi los edificios de Toronto recortados contra el horizonte.
Seguí corriendo, ignorando el dolor. A través de mis medias rotas y de mis pies cortados sentía el frío de la acera de cemento que recorría un lado del puente. Miré a mí alrededor con la esperanza de que alguien se detuviera y me ayudara, pero todos los coches pasaban zumbando, sin ni siquiera reducir la velocidad para echar un segundo vistazo. Cuando me puse en medio del puente para intentar parara a alguien, un conductor hizo sonar el claxon y poco le falto para atropellarme.
Volví a la acera como pude.
Al parecer sólo estábamos Dientes Blancos, sus amigos y yo.
Y entonces distinguí la oscura sombra que pendía de una de las vigas de metal en suspensión del puente. Estaba del otro lado de lo que se conocía como "el velo", unos barrotes finos, separados uniformemente, colocados para evitar que nadie saltara de la valla y se matara. Pero vi que parte del velo estaba deformada; habían deformado los barrotes lo suficiente para que un persona pasara, fui hasta allí como pude y atravesé la reja para acercarme al desconocido, con la espalda apoyada en la barrera. Detrás de mí, oí al jeep detenerse en seco con un derrape y, acto seguido, aquellos hombres dieron un portazo al salir del vehículo para seguirme a pie.
— ¡Eh! — grité a la figura.
Llevaba un abrigo de piel largo que se agitaba en aquel viento frío. Parecía el mascarón en proa de un barco de piratas.
—Vete. — Su voz sonaba hosca.
—Carajo, esto esta muy alto, ¿no? — Me acerqué lentamente hacía donde estaba él en la viga—. ¡Ayúdame!
—Apáñatelas tú. ¿no ves que intento suicidarme? — dijo el hombre, con la mirada clavada en las oscuras aguas del río Don.
— Ayúdame antes, y luego te suicidas — propuse.
Estaba lo bastante cerca para verle la cara. Parecía tener unos treinta y tantos e iba vestido de negro de pies a cabeza. Si mi situación no hubiera sido tan mala en aquellos momentos, hubiera tenido tiempo para observarlo con detenimiento, y entonces hubiera dicho que estaba muy bueno. Pero parecía muy desgraciado. No me quedo claro si porque quería suicidarse o porque lo había interrumpido.
— ¿Es amigo tuyo? —preguntó Dientes Blancos detrás de mí, justo del otro lado de los barrotes.
Me agarré y me di vuelta para mirarle.
—Es un buen amigo… Y te dará una buena patada en el culo si no me dejas en paz de una buena vez.
Dientes Blancos me dedicó una sonrisa poco amistosa.
—Me gustaría verlo.
Desde su posición privilegiada, el desconocido nos miraba con poco interés. Parecía ajeno al hecho de que estábamos a varios metros de altura. Vi que se quedo contemplando mi cuello y me lo toque con cuidado.
—Cazadores de vampiros— dijo.
— ¿Quién lo dice? — Dientes Blancos sacó un puro de su chaqueta de cuero y lo encendió; al parecer creía que tenía todo el tiempo del mundo.
Con cuidado me acerqué un poco más al desconocido. Aunque fuera un suicida y por lo tanto estuviera tan loco como todos los que había tenido la desgracia de toparme esta noche, en ese momento era mi mejor opción para salir de aquélla en una sola pieza.
—No importa quién soy —respondió el extraño a Dientes Blancos —. Están invadiendo mi espacio personal. Si no les importa, preferiría que arreglaran sus asuntos en otra parte.
Dientes Blancos lo fulmino con la mirada.
—Solo hemos venido por esta vampirilla de mierda y ya nos vamos para que puedas seguir con tu… —Miro a su alrededor antes de seguir—: lo que sea que estás haciendo.
Agarré al desconocido por el dobladillo de su abrigo para salvar mi querida vida.
—No dejes que me hagan daño por favor.
Estiró su abrigo para que lo soltara.
—No quiero tener nada que ver en esto— dijo.
—Demasiado tarde —murmuró Dientes Blancos, con el puro en la boca.
Había empezado a pasar por una parte del cemento a la altura de la rodilla que no estaba protegida del velo.
—Iba a comportarme como un caballero —añadió—, y te iba a matar rápido. Bueno, más o menos. Pero ahora pienso tomarme todo el tiempo del mundo para destrozarte. Vas a sentir cada segundo.
Dientes Blancos estaba a medio camino y alargó la mano para alcanzarme. Me zafé, me di la vuelta y le propine una patada con el pie descalzo. Se oyó un asqueroso sonido cuando le encaje el dedo gordo en el ojo izquierdo. Fue lo más repugnante que jamás había escuchado.
El hombre grito de dolor y se llevo las manos a la cara. Se le cayó el puro de la boca, hacía el río que corría debajo de nosotros. Perdí el equilibrio y estuve a punto de caer, pero el desconocido me tomo por la cintura y me atrajo hacía él sana y salva.
—Gracias, — Apenas y me salían las palabras, mis dientes castañeaban del frío—. Creía que no me ayudarías.
Los otros dos cazadores de vampiros que ya no daban alaridos de dolor –aunque Azulito parecía menos agresivo desde el incidente con su entrepierna-, sacaron por la abertura a su amigo herido y subieron ellos en su lugar.
El desconocido miró hacía el agua oscura.
—Supongo que tenemos que saltar— dijo el sexy desconocido.
Levanté las cejas, pero cuando los cazadores me agarraron las piernas me peque a él.
— ¿No era eso lo que pretendías desde un principio? ¿Acaso tu plan no era suicidarte?
—Con la suerte que tengo esta noche, seguro que no me mato —contestó el desconocido, y me rodeó la cintura con un brazo—. Pero puede que tú si.
Se tiro del puente, y ambos caímos durante un buen rato antes de desaparecer en aquellas aguas negras y frías.

Chan Chan Chan Chaaan...

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Re: [En proceso] Mordiscos de Amor

Mensaje por wewemato el Mar Feb 07, 2012 1:45 pm

Ani, si no te molesta, mandaré esto a donde pertenece (?)
se supone que aquí solo se publiquen fanfics fuera de los que sean las 4 parejas principales.
A demás, si lo pongo en el fanclub, probablemente más gente lo lea c:

lo moveré -3-
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Re: [En proceso] Mordiscos de Amor

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